Mi amigo Julio no me acompañaba de manera presencial, solo eran sus letras las que lo hacían, a través de su libro: La vuelta al día en Ochenta Mundos (tomo uno), al final del cual se habla de la idiotez y de su relación con la capacidad para vivir en una eterna sorpresa de lo que el mundo nos pone enfrente. Ese libro (junto con el tomo dos que ya comencé a leer), me fueron obsequiados por alguien especial, alguien que estoy feliz de conocer y de reconocer entre lo que leo y escribo.
Pero seguro se preguntan ¿Donde está el encanto de ser IDIOTA?, pues bueno, a continuación les copio algunas líneas de este delicioso Capítulo en el que Julio Cortazar nos habla de su idiotez y del como la enfrenta -y disfruta- cada día:
"(...) Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol (...) el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno realmente es idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas (...). La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta L'anne dernière à Marienbad, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando el suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre."